A pesar de que somos legión los seguidores de sus Sabatinas Intempestivas, Gregorio Morán no es uno de esos nombres de relumbrón entre el 'gran' público, aunque no es un autor excesivamente prolijo cada una de sus obras son pilares en los que el tema sobre el que pivote queda total y exhaustivamente agotado a su paso.
La anécdota del intento de amordazar su último trabajo es ya vox populi, este es uno de esos regodeantes casos en que la censura funciona exactamente al revés, que un libro de crítica cultural se codee en las listas de ventas con los 'Planetas' de costumbre es inaudito en este país, os lo dice un librero!
Mi ejemplar de El Cura Y Los Mandarines (Akal 2014) está reencuadernado, le puse letras doradas grabadas en la piel del lomo y la portada original, esa que eligió Morán y de la que habla en el comienzo del libro, un precioso montaje con un pavo real (que oculta a Jesús Aguire) subido al respaldo de una silla, la parte más alta (¡y más inestable!), una preciosa metáfora gráfica!, la portada que el otro protagonista de este sainete, el fallecido hoy mismo, Don José Manuel Lara, a la sazón 'señor de cuanto ha pacido en la vida intelectual española', se negó a ceder a Akal, la atinada y valiente editorial que aceptó el reto de editar (domesticar) el monstruo.
Recuerdo y conservo el brillante artículo de Gonzalo Ugidos denunciando el caso, recuerdo también tuitear con él al día siguiente ya que el link del texto en la web había desaparecido como por ensalmo, más extraño aún teniendo en cuenta que fue en un diario de amplia difusión nacional, poco después alguien (no recuerdo quién y bien que lo siento!) colgó en las RRSS una 'captura de pantalla' que estuvo bastantes días dando vueltas y mecha a un asunto que, probablemente, hubiese pasado desapercibido. Las entrevistas posteriores al autor (...a destacar la del hábil e inquieto Carlos Prieto de El Confidencial) aportaron embite a aquella extraña, voluminosa y creciente bola de nieve.
Todo el asunto del plan pergeñado por Lara para no perder un buen negocio (como es el Diccionario de la RAE) empeñando en ello la poca credibilidad que le quedaba se estaba yendo al garete a velocidad de vértigo; durante unas fantásticas, deliciosas semanas las caras de Víctor G. de La Concha, Juan Luis Cebrián y otros cucañeros del mandarinato cultural vigente comenzaron a aparecer junto a epígrafes lapidarios que anunciaban auténticas carnicerías en el interior.
La coronación la pusieron las críticas, quienes se tomaron la molestia de leerlo o callan ante el abrumador despliegue de eficacia empírica o se retratan al darse por aludidos, tal es el caso del "eminente catedrático, ensayista y crítico" (sic) Jordi Gràcia (¡Que sólo tardó 19 días en leerlo!), en su diatriba de El País se proclama terriblemente indignado y tacha al libro de «apisonadora cultural sin medida», será eso de "quién se pica ajos come"...
Y fue la irrupción brutal del ya mencionado documental Ciutat Morta, en la que es vital la figura de Morán (uno de los pocos periodistas que se molestó en dedicarle su tiempo al caso 4F y a Patrícia antes de este 'mainstream' mediático) la que dio el espaldarazo definitivo y de repente «[...] el libro de un tipo que se meó en Suarez (no sólo en vida, si no durante su gobierno!) ha sacado un tocho que se vende más que el puñetero "Milena o el fémur más bello del mundo"!!» se exclamaba entre mis colegas libreros y en las distribuidoras.
No dudo que este trabajo 'fijará y dará esplendor' para siempre a una mancha, un monumental lamparón en las hagiografías de gran parte de los autores (y no autores) que se han ido convirtiendo en los propios jueces del devenir en la cultura y de cómo su mezquindad y deriva intelectual ha sido y es lastre para toda una generación de autores (y no autores)
Realmente merece y mucho la pena sumergirse este océano, en serio, hasta para neófitos a los que les abrume 'El País Belleza y Moda', sus páginas son como ver actuar a una bola de derribo dentro de un museo de inútiles y pomposos jarrones chinos, añádasele un dominio léxico de acrobacia lingüística en peripecia verbal y tienes más de 800 instantáneas de la divina tropa escropófaga que ha señoreado el pensamiento español desde hace décadas, los que desde sus torres de marfil nos imponían qué está bien y qué mal, quién vale y quién no, los que dictaban quién ha de ser distinguido con el óbolo de ser un éxito editorial y aquél que se hundirá en el más triste ostracismo.
Por cierto y por el título, rara época esta en la que el pasado copa todo nuestro interés, ya sea desde las instituciones o desde detrás de la barricada todos los ojos están clavados en un "ayer" que se nos esta indigestando más y más, es como si hubiésemos llegado a un modo de 'meta-consumo', a una sublimación del termino y sólo nos interesase lo ya consumido antes, humo, posos, apenas cenizas...
Morán costruye una parte del libro sobre un delicado hilo interior que se ata al formidable relato del menospreciado y nunca ponderado Martín Santos, que no es que tenga un post!, ¡bien lo sabe Angélica! «¡Tiene un libro! ¿Qué digo un libro? ¡Una enciclopedia entera!»
Pues si a su 'país del hambre' él llamó Tiempo de Silencio a este que sufrimos hoy tal vez hubiese titulado Tiempo de Cenizas.