lunes, 26 de enero de 2015

LA HISTORIA DEL MONDADIENTES

¿Qué tenían en común un mísero y famélico labriego de Castilla y León de los años cuarenta con un 'cowboy' yanqui?
Un eterno mondadientes asomado por entre la comisura de sus labios, dándole aspecto duro y desafiante a uno e inspirando misericordia en el otro.
El palillo dental es un icono de un 'rudismo' (más o menos vergonzante) en vías de extinción; el qué, el cómo y el cuándo de todo lo concerniente a sus orígenes nos la trae (por lo general) al pairo, como si la entrada de tan inútil y efímera información fuese a desalojar de nuestro cerebro una cantidad equivalente de saberes por la ley de Arquímedes.
Hay historias mínimas a las que apenas préstamos la atención debida sin tener en cuenta que son el hilo conductor que nos lleva directos al barranco de porquería que es la propia Historia del Hombre.
En un mundo organizado al arbitrio salvaje de ese 1% canalla nos enfrentamos a multitud de elementos distorsionantes que nos hacen tener unas perspectivas miopes de lo que nos rodea. El continuo, desasosegante y efectivo bombardeo mediático, la fungibilidad de los sucesos y la vertiginosa velocidad a la que son sustituidos por otros nuevos nos está llevando a una distopía trufada de abstracciones.
Desgranando de entre esa maraña informativa veremos numerosos casos que, a pesar de no ocupar portadas durante dos semanas (tiempo mínimo exigible a una noticia para que alcance el diploma de 'trascendente') son fundamentales para entender cómo hemos llegado a esta situación de apatía informativa.

Lo sucedido a Patrícia Heras se escapa a todo sentido, no ya común, si no de empatía antropológica, que tal cúmulo de detritus del sistema se hayan conjurado para vileza de tal calibre produce arcadas a cualquiera que alimente su espíritu con algo más que el MARCA, al igual que con Grimau, Puig Antich, Lasa y Zabala o los abogados laboralistas de Atocha, un estado emponzoñado está en la radícula última del diagrama de los acontecimientos.

El pase en abierto del espeluznante documental Ciutat Morta hizo que Barcelona despertase meada de clamores pidiendo la revisión del 'artefacto' que fue la farsa juicio del 4F. El trabajo de Xapo Ortega y Xavier Artigas ha puesto de nuevo en el candelero los aspectos más abyectos de los entresijos del sistema, cómo se crea un delito, se tipifica y se selecciona a los 'culpables'' (aconsejo prestar atención especial sobre este punto a las sabias palabras del profesor Manuel Delgado Ruíz en el metraje y su estupenda descripción del concepto "sospechoso por las pintas")

40 años después tras comprobar cómo las cloacas del poder siguen funcionando bajo la hidráulica del caudillo, produce un extraño déja ver a nuestros atiplados políticos enarbolando bíblicamente la Constitución y aullando vítores y alabanzas al infame chanchullo marrullero que fue la Transición, inquieta y mucho comprobar que cada instante de la existencia de esta laureada y ejemplar democracia está manchada hasta el tuétano de crimen y corruptelas.

Pero más náuseas aún si cabe son las que traen la tapaderas mediáticas, cuando no de silencio cómplice o de censura, ya sea ésta descarada e insólita (caso del programa vespertino pseudoinformativo de esa 'cadena amiga', La Sexta, en el que se cortó en seco al director, [no sea que al final diga algo gordo y la líe!] con todo un clásico: «Uy!, tenemos dificultades técnicas, Xapo!») o simplemente saltándose todos los códigos deontológicos y las praxis conocidas del periodismo (véase el ejemplo de El Periódico de Cataluña, tras hacerles la pelota con un atinado artículo el día antes, sacan una amarillista portada con documentos ex-iudice, ergo sin corroborar o desmentir, algo tan inédito como lógico cuando te paras a ver quién es quién en Cataluña, enfangando sobremanera el encomiable trabajo en pos de una verdad del equipo del documental; el informador como mamporrero del amo una vez más.
Bussiness must go on!

Pedir que reabran un caso que atufa a bicho putrefacto lo mires por donde lo mires parece algo tan 'democrático' que ver a todo el elenco político realizando un ejercicio de nihilismo tal con respecto a ello sólo puede generar una zozobra social que redunde en beneficio de la industria del butano.

La historia de Patrícia Heras es como la del mondadientes, hay multitud de aspectos que damos por sentado (¡Ignorantes de nosotros!) que ha de haber alguien que se haya ocupado de estudiar, verificar, impugnar o rectificar cada punto oscuro de lo que allí acaeció, no perdemos un segundo en disquisiciones que prometen vanas esperanzas.

Además, «¿no se están derritiendo los casquetes polares o extinguiendo algo?»

Sí, pero son las cosas minúsculas, anónimas, esas muertes cotidianas sin importancia en lo "absoluto", esos pequeños retales de fría y cruda realidad las que nos definen, son la 'gota malaya' que acaba taladrando la conciencia social de un pueblo y, precisamente por su infinitesimal importancia, son hechos así de serendípicos los que vertebran este barrizal enfangado al que llamamos tierra.







[Caligrama de Angélica Pérez Paredes, @ballesterada]

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